Los puertos en los que recala el corazón son inescrutables, fuera de toda lógica y todo cálculo. Mi último apunte manuscrito termina así: una biografía puede tener el peligro de una muñeca rusa con un escorpión dentro. Y también dejé huellas para una investigación minuciosa que nadie emprenderá, diseminadas en las cuentas de correo y en las búsquedas realizadas (un algoritmo sería el detective apropiado para mi perdición, si esta tuviese el más mínimo interés). Quién sabe, quién sabe algo...
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