Rescato un poema de hace ya un tiempo para arrojárselo a la cara a esta tarde mustia y decirle venga, no me vengas con esas, que yo fui señor antes de siervo y el que tuvo...
Toda la luz (verano del 14)
Toda la luz que atesoraba el día de aquel verano
La espuma de las olas trenzadas como crestas
En los tablones del embarcadero
Su ondulación como una danza
Atravesando el aire
Llevada hacia dónde
Por alas de gaviotas febriles
Toda aquella luz descendió
Como un foco que recorta una silueta
En las profundidades
Pantalón blanco, blusa blanca
Gafas de sol, melena al viento
Pasos que tratan de adivinar el ritmo
De las olas sobre las tablas recias
Tus ojos mirando de pronto
Mis ojos tristes de entonces
Diciendo sin palabras dónde estaba mi futuro.
Será para siempre ¿no?
Me atreví a responder en voz alta
A la angustia de no saber
Y aún así estar allí
Tras los cristales rotos del pasado
Cosido con los reflejos de aquella luz
Y el hilo de seda de nuestros pocos recuerdos.
Será para siempre, dije
Queriendo atrapar aquella luz
Que temblaba en nuestro mediodía.
Y en un murmullo oí: yo nunca te dije otra cosa
Y esa respuesta traspasó la piel del tiempo.
No sé medir lo que vino después.
La luz se hizo más intensa hacia el atardecer
Los cuerpos se fueron tensando
Y después de camas deshechas y casas llenas
Y carreteras con puentes dorados
Y vacíos que se fueron llenando
Aún brilla alguna década
Más de media vida después
En los tablones que se van gastando.
¿Para siempre? Eso no lo podía saber entonces
Como nadie más sabe la respuesta
Tiempo añadido al tiempo
Y bien a la vista
El regalo de la única felicidad sin precio.
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