LA MÁSCARA
En cada puerto de este blog pueden atracar viejos paquebotes que vienen de otro tiempo, o simplemente retazos de escritura rescatados de mis cuadernos antiguos o recientes. No sé cuál es mi género, pero hay unos cuantos escritos que tienen la forma de un poema. Solo unos pocos vieron la luz. Es lo más recóndito de mis horas.
Este verano hice un poema a las mascarillas que se convirtieron en parte del atuendo general. A falta de otro título le puse LA MÁSCARA.
En la ladera del basurero crecían flores increíbles
pero nadie las veía
tampoco era fácil pisotearlas
la inteligencia no puede ser tan siniestra
como la vergüenza
o el exceso de visibilidad
llega con media cara tapada
debió de pensar alguien
para ocultar las marcas del cansancio
hacer de la presencia una forma de ausencia
que resbala, como el sudor
hacia tu libertad interior incomunicada
en el abismo que separa tu teatro privado
y las sombras que te cruzas por la calle
el contorno difuminado de las panaderías
en una película de astronautas antiguos.
Creíste manejar la comunicación entre los dos mundos
solo moviendo los ojos
y para eso refinaste el arte de la mirada
pero no adivinaste que las sombras
también se camuflan, enmascaran
el tedio, la alegría igual que la pena
todo igual, al abrigo de los gestos íntimos
como si no existieran los deseos
todos iguales
en lo que ocultan, artistas
del disfraz con vocación de solitarios.
Existe la fundada sospecha
de que alguien encontró una solución mágica
para ganar con la plural derrota
mientras las sombras
solo cambian de lugar.
VERANO 2020
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